Pudo llevarse una balanza digital o una computadora, pero sólo manoteó tres tortas de la heladera exhibidora. Ese era el cuadro con el que se encontró el personal de seguridad privada, el jueves a las 4.30. El llamativo robo ocurrió en la sucursal de la panadería "El Calafate" que funciona en la esquina de Mendoza y Rivadavia.
Aparentemente habría actuado con la complicidad de una segunda persona, pero eso no pudo ser comprobado ya que el joven de 24 años era el único que se encontraba dentro del local. "Desoldaron cuatro pestañas de la puerta de celosía del costado, por donde se ingresa a la cocina", contó a LA GACETA Verónica Maldonado, la encargada de la panadería los fines de semana. La mujer advirtió que el ladrón debió ser demasiado delgado para pasar por ese hueco, ya que la abertura no superaba los 30 centímetros de ancho.
Los agentes de seguridad privada que custodian el local se anoticiaron de la presencia del intruso en cuanto éste atravesó la puerta. "En la cocina está instalado uno de los sensores de la alarma que, como es silenciosa, no alertó a nadie más que a ellos", explicó Verónica. Según las imágenes que quedaron registradas por la cámara de seguridad de la panadería, el individuo ingresó al salón de ventas y lo primero que hizo fue intentar abrir la caja registradora. "Como estaba cerrada con llave, volvió a la cocina y agarró una de las pinzas que usamos para levantar las facturas y con eso forcejeó hasta romper la caja", describió la encargada. La mujer aclaró que en la caja no había ni monedas. "Nunca dejamos dinero acá", dijo.
Pero lo más curioso del caso ocurrió después. Al no encontrar dinero en efectivo, el joven se acercó a la heladera donde exhiben las tartas y tortas. Hasta se tomó el tiempo de elegirlas. "Había separado una de mousse de dulce de leche, otra de bizochuelo de vainilla y una torta delicia; las iba llevando a la cocina para tenerlas cerca de la puerta", precisó Verónica. Según la empleada, cada uno de los pasteles cuesta alrededor de $100, de acuerdo con su peso y sus ingredientes.
"Eso fue lo más gracioso de todo. Pudo haberse llevado la balanza o la computadora de la cámaras, que tienen mucho más valor, pero él se fue derecho a las tortas", detalló.
La mujer calculó que el robo duró entre 5 y 10 minutos hasta que llegaron los agentes de seguridad privada y atraparon al intruso dentro de la panadería. "Robé porque tenía hambre", se excusaba el joven a gritos, según escuchó una vecina que vive en el edificio de al lado. Pero el argumento no le sirvió para evitar que lo aprehendieran y lo entregaran al personal de la seccional 1ª. Una vez en la comisaría, lo identificaron y supieron que tiene domicilio en Laferrere, provincia de Buenos Aires. "Es raro, todas las noches donamos la mercadería que sobra del día a la gente que viene a pedir, precisamente para evitar los robos, por eso no nos cierra el argumento", concluyó la encargada.